La Zarzuela, con el rey a la cabeza y secundados resueltamente por el príncipe Felipe, se han puesto de lleno a la tarea de ‘reconstruir’ la monarquía.
La Zarzuela, con el rey a la cabeza y secundados resueltamente por el príncipe Felipe, se han puesto de lleno a la tarea de ‘reconstruir’ la monarquía.
Fue un viejo amigo de don Juan Carlos, Torcuato Fernández Miranda, que tanto trabajó por la pacífica instauración de la monarquía en España, quien hizo famosa la expresión ‘trampa saducea’. Alude a una cuestión o dilema que, cualquiera que sea la solución o decisión que se adopte, el resultado es negativo.
Otros han hablado de las famosas ‘alternativas del diablo’, es decir, aquellas situaciones en las que toda salida es peligrosa sin remedio. Con lo que la perplejidad sobre cómo resolverlas se convierte en angustiosa.
Algunos de los más grandes atropellos a derechos elementales de los ciudadanos, como el derecho a la imagen y el respeto a las creencias íntimas, se han cometido bajo el paraguas de la palabra ‘arte’.
El último sondeo del Centro de Investigaciones Sociológicas ha colocado la valoración de la monarquía muy por debajo del aprobado, con un 3,68 sobre diez. La novedad merece algunas reflexiones.
Con ocasión de la entronización de Guillermo Alejandro, nuevo rey de Holanda, se armó cierto revuelo por aquí a propósito de la princesa Letizia y de la tiara que lució en la cena de gala, la víspera de la coronación.
Por fin La Zarzuela ha tomado la iniciativa, en lugar de ir a remolque de la realidad, y ha optado por adelantarse a los problemas, precisamente para evitar que los haya. Me refiero a la inclusión de la Casa del Rey en la ley de Trasparencia, por vez primera en la historia.
Está claro que el rey quiere dar señales de vida (nunca mejor dicho) cuanto antes. Ni dos meses ha tardado en su reaparición pública, con la audiencia del lunes al Premio Cervantes de este año, Caballero Bonald, y el martes al primer ministro eslovaco.
He de confesar que siempre me ha costado creer en las conspiraciones, aunque, como suele decirse, haberlas, haylas. Pero muchas menos, y desde luego menos complejas, de lo que algunos pueden imaginar.
La actitud de La Zarzuela en el caso de la imputación de la infanta Cristina va a ser muy distinta respecto a lo que hemos visto con su marido, Iñaki Urdangarín. Y ya empieza a notarse.
La infanta Cristina afronta una muy difícil coyuntura personal. Su imputación en el ‘caso Urdangarín’, acordada por el juez Castro, modifica sustancialmente la posición que había mantenido hasta ahora.