Algunos de los más grandes atropellos a derechos elementales de los ciudadanos, como el derecho a la imagen y el respeto a las creencias íntimas, se han cometido bajo el paraguas de la palabra ‘arte’.
Algunos de los más grandes atropellos a derechos elementales de los ciudadanos, como el derecho a la imagen y el respeto a las creencias íntimas, se han cometido bajo el paraguas de la palabra ‘arte’.
Tengo un amigo, analista económico, que se dedica a consultoría de negocio, y que realiza habitualmente informes y estudios para las principales empresas españolas, además de instituciones oficiales nacionales e internacionales.
Por lo visto, las claves que aporta resultan altamente cualificadas porque utiliza sofisticadas herramientas de predicción económica, basadas sobre todo en un exhaustivo conocimiento de los datos a partir de encuestas y sondeos de todo tipo. Además de su ya larga experiencia.
“Apezarena, ¿vamos a entrar en una guerra?”
Fue la primera llamada telefónica directa que, hace algún tiempo, recibí de Julio Ariza, presidente de Intereconomía. Motivo: una contundente respuesta que yo había firmado en El Confidencial Digital en contestación a un ataque desde La Gaceta lleno de descalificaciones personales
Al recibir aquella llamada, le respondí: “Por mi parte no hay ninguna guerra”. Cosa que era y sigue siendo verdad.
Entonces, Ariza pasó a disculparse por la arremetida contra mí, con palabras parecidas a estas: “Son las cosas de Carlos Dávila (entonces director de La Gaceta). Es un estilo con el que no estoy de acuerdo. Que no me gusta. Te pido disculpas”.
Y ahí quedó todo. Hasta ayer.
La frase, reciente, es de un viejo estudioso de nuestras cosas, Ian Gibson.
Cuando la conocí, me pareció que reflejaba una profunda realidad, y por eso la anoté.
El comentario de Ian Gibson dice: “España no sabe qué es. Por eso escucha a los hispanistas”.
He de confesar, por mi parte, que siempre me pareció excesivo el crédito que en este país se da a esos personajes, a los llamados hispanistas.
Definitivamente, los caza tesoros de Odyssey tienen que devolver las monedas que extrajeron subrepticiamente de la fragata española “La Mercedes”, y que además sacaron operando en aguas españolas.
Pero estamos a las puertas de un autentico timo.
No consigo reponerme de las imágenes que han ofrecido y sirven todavía las televisiones: cientos y miles de coreanos, mayores de edad, hechos y derechos, muchos de ellos altos cargos, llorando en público a moco tendido.