De vuelta a Madrid tras los días de descanso, transcurridos sobre todo por el norte, se me ocurre que puede servir de alguna utilidad reflejar la principal conclusión que ha sacado de mi estancia por aquellas tierras.
De vuelta a Madrid tras los días de descanso, transcurridos sobre todo por el norte, se me ocurre que puede servir de alguna utilidad reflejar la principal conclusión que ha sacado de mi estancia por aquellas tierras.
Marchar a buscarse la vida fuera de España es algo más que una tentación. Constituye un drama real para cientos de personas, que, faltos de trabajo, y de expectativas de conseguirlo, han optado (y hoy lo siguen haciendo muchos más) por buscarse la vida fuera de nuestras fronteras.
Pues esa misma idea ha sido considerada por unas cuantas de las más grandes empresas españolas, incluyendo algunas que ostentan condición de líderes mundiales en su sector. Como suena.
Era algo que creían muy sabido y que, sin embargo, se convirtió en un ‘descubrimiento’.
Los grandes patrones de las principales empresas que viajaron junto al rey en la reciente visita a Brasil y Chile ‘descubrieron’, como si fuera la primera vez, la increíble utilidad del monarca como abanderado de España, como embajador comercial, como abrepuertas de los grandes intereses del país.
Ahora que están de actualidad los vascos (cientos de miles) que abandonaron su tierra por la presión y amenaza del terrorismo etarra, a propósito de si podrán o no votar en los próximos comicios regionales, me parece que también cabría hacer memoria de los ‘otros’ vascos.
En estas correrías vacacionales por el Norte, he tenido oportunidad de escuchar a unas cuantas personas hablar sobre el actual lehendakari, el socialista Patxi López, y su gestión.
Tal como anuncié, estoy de vacaciones y mis pasos se han dirigido hacia el norte. Por ejemplo, a San Sebastián.
Voy a intentar transmitir unas impresiones rápidas, nacidas de una primera mirada intuitiva, lejos, por tanto, de una investigación o una reflexión a fondo. Son trazos a vuela pluma, sobre la marcha.
Con el inicio del mes de julio, me voy de vacaciones. En realidad, a esta hora ya me he ausentado de Madrid.
Tomar vacaciones en julio incluye algunas ventajas. Por ejemplo, que uno se ahorra seguir un mes más, arrostrando el agotamiento de un largo curso, en el que han ocurrido tantas cosas. Y que, por supuesto, hay menos aglomeraciones que en agosto.