Comenté un día que alguna vez me ha entrado envidia de Francia. Lo hice para destacar que, en la campaña electoral de las presidenciales, la palabra más utilizada, por todos los partidos, era “Francia”.
Ahora tengo otro argumento. Resulta que en el país vecino no basta con ser miembro destacado de un partido, ni tampoco un dirigente nacional, para conseguir un escaño en el Parlamento.
Aquí, en España, el sistema electoral y el funcionamiento de los partidos permite ‘garantizar” a cualquiera que será diputado (o senador) sin ninguna dificultad. El procedimiento es sencillo: basta con colocarlo en una lista en un puesto seguro. En cualquier lista. Sin condiciones.
Esa realidad provoca, por ejemplo, que todos los ministros logren ser diputados, por el procedimiento de ubicarlos en distintas provincias, aunque no tengan nada que ver con esas demarcaciones. Son los famosos candidatos “paracaidistas”.
Bueno, pues el procedimiento no sirve en Francia. Y a mí eso no me disgusta.
La prueba es que tres conocidas figuras nacionales galas se han quedado sin escaño.
Una es Segolene Royal, que fue candidata a la secretaría general del PSF, y que no ha conseguido salir elegida por La Rochelle.
La otra, más significativa aún, es precisamente la líder de uno de los tres grandes partidos: Marina Le Pen, presidenta del derechista Frente Nacional, que no ha sido elegida en Hénin Beaumont
Otro tanto le ha ocurrido al centrista François Bayrou, en Pyrénees Atlantiques.
Al otro lado de la frontera, para presentarse como candidato en una circunscripción hay que ser de allí. Y si no, no.
Si eso se aplicara en España…
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Twitter: @JoseApezarena
La nacion, sociedad civil,clases medias,milicia nacional, debe rechazar frontalmente las condiciones infames de fraude,falsedad de eurocracias, y recuperar soberania,no cederla,no claudicar, por dignidad ,independencia,libertad, justicia,verdad. Una Europa de las naciones, interrelacionadas con convenios y tratados, pero no supranacional orwelliana,no una tiranía falsaria disfrazada, que es el final de la nacion, de la sociedad civil, de las clases medias.
Leí una vez en un foro de internet (siento no recordar el autor que lo dijo pero lo que no haré será apropiarme de su autoría) que en España la “democracia” consistía en elegir a nuestra tiranía cada cuatro años.
Listas semi-abiertas como en Alemania y candidatos con los que puedas encontrarte paseando por el parque.
No se trata de ser de la zona ni de que las listas sean abiertas (en España las tenemos en el Senado y no suponen diferencia alguna).
La diferencia es el tamaño de la circunscripción:
- Si es uninominal (se elige un único escaño en cada distrito electoral; por tanto no hay lista sino candidatos individuales) el elector conoce a quien vota y cualquiera que sea conocido puede presentarse con opciones. La persona del candidato es más importante que la sigla.
- Si es plurinominal (se eligen múltiples candidatos en un mismo distrito electoral, presentados en listas de candidatos) no se conoce realmente a las personas que eliges por lo que se vota a la sigla. Un buen candidato por sí sólo no tiene ninguna opción y, de facto, el “elector” es el partido, no los votantes.
La uninominal tiene otro efecto valiosísimo a la hora de controlar al elegido:
Sea mi representante el que yo haya votado o no, sé quién es así que puedo controlar lo que hace desde su escaño y tenerlo en cuenta en las próximas elecciones (¿cuántos sabemos ahora qué han votado o qué iniciativas han adoptado los diputados de nuestra circunscripción?). En consecuencia, para él pasa a ser importante lo que piense el cuerpo electoral de su distrito y no sólo quedar bien ante los mandarines de su partido que decidirán sobre las listas.
Claro,por eso mismo en Reino Unido fueron los Tories los que señalaron la puerta a Thatcher y los Laboristas lo hicieron a su vez con Blair. Porque están al servicio de sus votantres, de sus electores y les escuchan. Los ciudadanos conocen a sus diputados, los eligen porque los conocen y van a verlos y a exigirles el cumplimiento de lo prometido o a sugerirles propuestas. Los diputados se deben a sus elctores yno al Partido. Aquí, en esta partitocracia se vota una lista y nadie conoce a quien les representa. No sepuede reclamar y exigir responsabilidades más que al maestro armero. Las listas las hacen las cúpulas de los Partidos y colocan ahí a sus fieles a los que ponen el pesebre y a toque de silbato del jefe de filas aprietan el botón. Esto unido a la inexistencia de separación de poderes tanto como a la desaparición de controles democráticos convierten a los españoles en rehenes de una panda de mafiosos que solo velan por sus intereses personaes y partidarios y que necesitan nuestro voto cada cuatro años para seguir representando la farsa democráticar y montar sus numeritos en es caja de resonancia llamada pomposamente CONGRESO DE LOS DIPUTADOS donde se gargarizan con el famoso ESTADO DE DERECHO. De derecho de pernada más bien. Cualquiera que se mueva por el mundo lo sabe, que esto es una farsa, una burla un secuestro de la democracia que los españoles abducidos consienten y pagan inexplicablemente
ESA ES LA DIFERENCIA ENTRE DEMOCRACIA Y PARTITOCRACIA. NO OBSTANTE, SEGUIRÉ VOTANDO EN BLANCO, ¡CON MI VOTO NO¡.