Ha fallecido en Pamplona Alfonso Nieto, maestro de periodistas. Y nunca mejor dicho.
Alfonso Nieto fue profesor de Empresa Periodística en la Universidad de Navarra, de cuya Facultad de Periodismo fue decano, y posteriormente rector de la Universidad. Y fue profesor mío.
Habrá otras plumas más cualificadas que hagan el elogio de su figura, por otro lado merecidísimo.
Yo solo quiero dejar el testimonio de mi agradecimiento a su magisterio, inapreciable para mí y para tantos periodistas que hemos pasado por las aulas cuando él daba clase.
Hablaba de cuestiones de empresa, pero siempre aparecía el adjetivo calificativo que la distinguía: “periodística”, como precursor y creador que fue en España de esa materia.
Y deseo dejar testimonio de su ejemplo. Era cercano, amable, acogedor… y a la vez exigente en lo académico. Su asignatura era de las difíciles, de las que precisaba estudiarla en serio.
Nunca ha olvidado una frase suya, que se me quedó grabada y que refleja bien su personalidad y planeamientos vitales.
En cierta ocasión, los alumnos nos quejamos de que apretaba mucho, de que demandaba un esfuerzo demasiado grande. Alfonso Nieto respondió: Mientras no trabajéis lo que un minero asturiano, no tenéis derecho a quejaros. Y tenía razón. Él mismo trabajó así durante toda su vida.
Son líneas pobres y escuetas. Pero no lo es el agradecimiento a Alfonso Nieto.
Don Alfonso, fue un magnifico Rector Magnifico de la Universidad de Navarra. Hombre de ideas grandes, alegre, optimista, y amablemente exigente. Era mi jefe cuando el gran atentado de ETA en el Edifico Central. Con el, daba gusto trabajar. Escuchaba cualquier sugerencia, y, por si acaso, te ponía a estudiarla a fondo. Agradaba ver como el-y todos los miembros de la Junta de Gobierno del Rectorado-se “trabajaban” con detalle los asuntos-por sencillos que fuesen-y te asaeteaban a preguntas constructivas e inteligentes. Todo, sin perder la sonrisa optimista, aunque en alguna ocasión tuviesen que poner alguna cara seria. Por aquellos años, el PSOE mandaba en Navarra y en España. Don Alfonso, se llevaba bien con todos. Era especialmente respetado-y escuchado-en el Consejo de Rectores del primer Ministerio de Educación socialista. No obstante, las “miradas”-y las puñaladas-del PSOE, nos venían por todas partes. Intentaron disminuir la influencia de la UNAV en Navarra con la creación de la Universidad Publica de Navarra, que el pueblo navarro ni quería, ni necesitaba. Para que hablar de los “chicos” de ETA, que eran enviados a estudiar a la UNAV y luego nos ponían bombas o intentaban quemarnos los edificios. Todo aquello, y sus continuos viajes en coche a Madrid, a veces casi a diario, Don Alfonso, lo llevaba sin darle la menor importancia y con una cara que derrochaba una profunda alegría.