Parece que se nos ha olvidado, pero los españoles, todos, hicimos un enorme esfuerzo, en la transición, por cerrar las puertas a nostalgias, heridas, recuerdos y posibles venganzas.
Parece que se nos ha olvidado, pero los españoles, todos, hicimos un enorme esfuerzo, en la transición, por cerrar las puertas a nostalgias, heridas, recuerdos y posibles venganzas.
La verdad es que cuando leí la convocatoria no podía salir de mi asombro.
Resulta que mañana comienza en Madrid un seminario sobre antisemitismo, de carácter internacional y que es la cuarta vez que se organiza.
Cuentan que, en tiempos de los llamados ‘tecnócratas’, aquellos ministros técnicos que sacaron a España de la autarquía, uno de ellos tenía la costumbre de llegar al ministerio a muy primera hora de la mañana.
Lo primero que harán es “interesarse por el estado de salud del rey”.
Es lo que ha dicho Amaiur, sobre la visita que realizarán a La Zarzuela con ocasión de las consultas para designar presidente del Gobierno.
Resulta que la coalición abertzale radical Amaiur ha logrado representación en el Congreso de los Diputado, incluso con grupo parlamentario propio.
Sabido es que, en el pasado, a esa enfermedad vergonzante llamada sífilis se le llamaba en España “el mal francés”.
Pasada la marejada informativa de las elecciones, los dos principales protagonistas, es decir, los dos candidatos a formar Gobierno, afrontan destinos muy diversos.
Puede sonar extemporáneo que, a las pocas horas de una victoria aparatosa y de una derrota sin paliativos, se plantee a los contendientes, PP y PSOE, que se apresten a pactar. Y, encima, de forma perentoria.
Tengo que reconocer que esta campaña electoral viene resultando bastante tranquila, el menos en lo que se refiere a insultos, descalificaciones y exabruptos varios.
Ayer voté. Lo hice por correo. Y, la verdad, con no pocas dificultades, y casi por los pelos porque era el último día hábil.