Es extraño pero es así. José Blanco ha hecho mutis. Se encuentra ‘missing’. Desaparecido. Un diputado raso, que apenas desgrana declaraciones aquí y allá. Absoluto perfil bajo. Discreción. Varios pasos atrás.
Es extraño pero es así. José Blanco ha hecho mutis. Se encuentra ‘missing’. Desaparecido. Un diputado raso, que apenas desgrana declaraciones aquí y allá. Absoluto perfil bajo. Discreción. Varios pasos atrás.
Me cuentan fuentes bien informadas que en ámbitos militares han sentado muy bien las palabras del ministro de Defensa saliendo al paso de la polémica generada tras las maniobras del Ejército de Tierra en unos bosques cercanos al monte Intxorta, en la localidad guipuzcoana de Elgueta.
No me gusta nada la despreocupada actitud que se vive en el País Vasco, a un año de las elecciones autonómicas.
PNV, PSE y las fuerzas políticas abertzales compiten, de un tiempo a esta parte, por aparecer ante la ciudadanía como los más nacionalistas del mundo. Mientras tanto, la casa sin barrer. Grave e inquietante.
Quizás algunos lectores no se hayan percatado siquiera. En ese caso, se pueden enterar ahora: El Confidencial Digital publicó el pasado jueves una noticia que finalmente no se confirmó.
“Lo siento mucho. Me he equivocado. No volverá a ocurrir”.
Es la frase que deberían pronunciar la ex ministra de Economía del Gobierno Zapatero, Elena Salgado, y la Agencia de noticias británica Reuters, a la vista del dato que se conoció este lunes. De hecho, ya están tardando.
Leo con estupefacción que la crisis parece estar provocando el aumento de suicidios.
En Grecia se han contabilizado 1.725 casos en los dos últimos años. Francia asegura que entre 10.000 y 12.000 suicidios se consuman cada año en aquel país, lo que la convierte en la nación trágicamente líder (con Bélgica) de este dramático ranking.
Los expertos en redes sociales no dejan de repetirlo: cuidado con twitter. Es una plataforma pública, de gran difusión y alcance. Por más que uno tenga la intención de ser simplemente gracioso, informal, irónico, queda muy expuesto.
Digo todo esto a cuenta del comentario que ayer colgó Esteban González Pons en su cuenta personal.
No es broma. Tengo un amigo que se lo ha tomado muy en serio: no piensa probar nunca más, me ha asegurado, dulce de leche.
Ni la carne, ni el mate, ni la soja, ni la cerveza Quilmes (que no solía pedir nunca, dice, porque es muy mala pero bueno), ni volar con Aerolíneas Argentinas, ni comer en la Vaca Argentina. Nada.
Pongo en antecedentes a aquellos lectores que no sean residentes en Madrid. El Ayuntamiento de Madrid ha decidido incrementar las tarifas del transporte público con una curiosa medida: los usuarios del billete sencillo (no abono) de Metro tendrán que pagar distintos precios en función de las paradas que recorran.
Que quieren que les diga. Confieso que quedé gratamente sorprendido la semana pasada al comprobar el despliegue realizado por el Gobierno en defensa de la españolidad de Repsol YPF y los intereses nacionales.
El elenco de actuaciones fue apabullante: