Acabo de estar en la consulta de un médico.
Iba acompañando a una persona a la que aprecio mucho. Por lo que la cita era bastante importante para mí. He salido con ganas de escribir esto.
Acabo de estar en la consulta de un médico.
Iba acompañando a una persona a la que aprecio mucho. Por lo que la cita era bastante importante para mí. He salido con ganas de escribir esto.
Se escuchan ya voces autorizadas sugiriendo cuáles debían ser las primeras medidas que adoptara Alberto Ruiz Gallardón, el nuevo ministro de Justicia. Cada cual tendrá su opinión. Yo tengo la mía.
Creo que la larga, larguísima, intervención de la nueva portavoz del Gobierno, respondiendo tras el consejo de ministros del pasado viernes a las muchas preguntas de los periodistas presentes, arroja muchas luces sobre la figura de Soraya Sáenz de Santamaría.
Quiero detenerme ahora particularmente en una de sus respuestas, que me pareció especialmente significativa.
Cuentan quienes lo han vivido que es un ‘shock’ para el que hay que estar preparado. Tras un tiempo entre algodones, sintiendo la subyugante pulsión que deriva del ejercicio del poder, todo desaparece.
Quiero dedicar hoy esta pieza a un detalle que me ha dejado una honda impresión. Se trata de las palabras que Mariano Rajoy dedicó este martes al presidente saliente, José Luis Rodríguez Zapatero.
En público se le ha visto contenido. Y ni qué decir tiene que nadie le ha visto llorar en público. Eso no va con él. Pero quienes le tratan habitualmente aseguran que apenas podía contener la emoción.
Mariano Rajoy se refirió este lunes en su discurso a un asunto sangrante: las agencias estatales. No es tema menor.
La decisión del Partido Popular de no permitir que la coalición Amaiur tenga grupo parlamentario propio en el Congreso de los Diputados me parece un error.
No me gustó que Rajoy excluyera a los abertzales de la ronda de contactos previos (y lo dije en este mismo foro) y no me gusta esta nueva decisión.
Confieso que aprendo mucho de los lectores. No es un farol, ni un brindis de Navidad. Lo digo sinceramente.
Hay ciudadanos con mucho ingenio, perspicacia y lucidez. Personas anónimas que escriben para analizar lo que está pasando, que piensan y tienen iniciativa. Me gusta y lo aplaudo. Así sucede con uno de los últimos correos que he recibido.
Me lo filtró hace poco tiempo un buen confidente: Pedro Solbes se mueve dando conferencias, asesorando, participando en foros económicos… Pero en privado, si comprueba que se encuentra en confianza, entre amigos, se explaya.